Pausar el juicio y preguntar: ¿Estás bien? ¿Necesitas que te explique de otra forma? Escuchar su versión antes de concluir que no trabaja.
Hacer la ciencia accesible para todos: usar dibujos, colores, pasos claros en la pizarra y objetos reales (como el balón de tenis) para apoyar a quienes tienen barreras idiomáticas o de atención.
Cuidar el espacio y las rutinas: mantener orden, limpiar el aula y conservar la estructura de la clase para calmar a los grupos más inquietos y mejorar su rendimiento.
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Detener los prejuicios y hacer preguntas: ¿Te encuentras bien? ¿Te ayudaría si lo explico de manera diferente? Escuchar lo que tienen que decir antes de asumir que no están trabajando.
Volver la ciencia comprensible para todas las personas: utilizar ilustraciones, diferentes colores, explicaciones paso a paso en el pizarrón y materiales concretos (como una pelota de tenis) para ayudar a estudiantes que enfrentan dificultades de idioma o concentración.
Mantener el ambiente y las dinámicas: conservar el orden, limpiar el salón de clases y preservar la organización de las lecciones para tranquilizar a los grupos más activos y potenciar su desempeño.