Influyen muchísimo, diría que lo son todo. Si yo entro a la clase pensando "la Física y Química es muy dura y este grupo no da para más", voy a explicar sin ganas, no voy a hacer el esfuerzo de buscar ejemplos divertidos y, al final, ellos se van a rendir.
En cambio, cuando creo en ellos, responden. Lo viví en primera persona el día que di la clase de dinámica a 3º de la ESO. Me esforcé un montón dibujando en la pizarra, usando tizas de colores, preguntándoles su opinión y usando ejemplos cotidianos. Al final de la clase, una alumna se me acercó y me dijo: "Explicas la física muy bien, entiendo perfectamente los problemas". Ese momento me llenó el corazón de alegría. Me demostró que si tú les transmites que sí son capaces de entenderlo, ellos se lo creen y lo consiguen.
Las expectativas ejercen una influencia considerable, hasta el punto de constituir un factor determinante. Cuando accedo al aula con la percepción de que la Física y Química presenta dificultades excesivas para el grupo, mi metodología se ve comprometida: la explicación carece de entusiasmo, no dedico el esfuerzo necesario a desarrollar ejemplos atractivos y, consecuentemente, los estudiantes tienden al desaliento.
Por el contrario, cuando deposito confianza en sus capacidades, los resultados son evidentes. Esta realidad se manifestó claramente durante una sesión sobre dinámica impartida a estudiantes de tercero de ESO. Invertí considerable esfuerzo en la presentación: elaboré diagramas detallados en la pizarra, empleé material visual diverso, solicité sus perspectivas y desarrollé ejemplos vinculados a su experiencia cotidiana. Al concluir la sesión, una estudiante se aproximó para expresar: "Su explicación de la física es muy clara, comprendo perfectamente los problemas planteados". Esta retroalimentación generó una profunda satisfacción profesional y confirmó que cuando se transmite confianza en sus capacidades de comprensión, los estudiantes internalizan esta expectativa y logran alcanzar los objetivos propuestos.